1. Semillero: la zona de los semilleros debe ser iluminada y libre de sombras; por tanto, se evita que esté cerca o debajo de árboles que impidan la entrada de la luz y que ocasionen daños por descargas fuertes de agua. Para la producción de plántulas de lechuga se recomiendan bandejas de 128 a 294 celdas, con volúmenes de sustrato de 3 a 8 cm3.
2. Selección del lote: la topografía más recomendada para la siembra de estas especies es la plana o la ondulada, con pendientes inferiores al 30%.
3. Preparación del terreno: el sistema radicular de la lechuga no es muy profundo; sin embargo, requiere de una preparación adecuada de suelo para lograr una textura suelta que facilite el trasplante y establecimiento del cultivo.
4. Plantación: las camas o eras se construyen de 10 a 15 cm de altura, y entre uno y dos metros de ancho, de acuerdo con las condiciones topográficas del terreno, el sistema de riego y las distancias de siembra recomendadas para las diferentes variedades.
5. Riego: los mejores sistemas de riego, que actualmente se están utilizando para el cultivo de la lechuga son, el riego por goteo (cuando se cultiva en invernadero), y las cintas de exudación (cuando el cultivo se realiza al aire libre). Existen otras maneras de regar la lechuga como el riego por gravedad y el riego por aspersión, pero cada vez están más en recesión, aunque el riego por surcos permite incrementar el nitrógeno en un 20%.
6. Blanqueo: las técnicas de blanqueo empleadas en lechugas de hoja alargada (tipo romana), consisten en atar el conjunto de hojas con una goma. En caso de lechugas para hojas sueltas, el blanqueo se realiza con campanas de poliestireno invertidas.
7. Abonado: el 60-65% de todos los nutrientes son absorbidos en el periodo de formación del cogollo y éstas se deben de suspender al menos una semana antes de la recolección.